febrero 21, 2017

Un reflejo de mi ser


Caminaba de regreso a mi hogar, pensando en el sinsabor de mis días, en el color gris del cielo diurno y de las pesadillas recurrentes que todas las noches me despiertan. Entonces me detuve en el corto puente sobre el arroyo, que se encuentra frente a mi habitación. Recosté mi cuerpo sobre la baranda, para observar al interminable flujo recorrer el angosto cauce debajo de mi.

En ese momento tuve la curiosidad de ver aquella torrentera, más allá de este plano físico. Allí estaban las ondinas serpenteando por entre las aguas, pequeños seres de la cuarta dimensión, que inocentemente danzaban al ritmo de la corriente.

Me concentré en una pequeña salida del cauce, donde el arroyo pierde fuerza y la superficie está calma y clara. Pude distinguir mi reflejo en este, era yo, como me recuerdo, un rostro ya maduro, serio y nada más. Lleno de curiosidad, recurrí a mi tercer ojo para apreciarme entre la naturaleza, con las estrellas sobre mi.

Comenzaron a llegar las imágenes, primero confusas, luego muy claras. No, no habían estrellas, ni un rayo solar alrededor mi cabeza, sólo una nube oscura, una amalgama de nostalgia y dolor que hacía llover sus frías gotas sobre mí.

Comprendí que la angustia me acababa día a día... pero no deseé liberarme, sólo dejarme así.

Cansado, muy cansado de ser señalado y rechazado por este mundo, por ser raro, por no hallar el camino que me haga feliz. Nunca logré encontrar esa alma gemela que comprenda mi naturaleza diferente.

Recordé a las personas que si me ven escribiendo, me increpan para hacer "algo productivo"; a otros, que si no proseguí con mi profesión, es que perdí el tiempo y debo retomar; también a aquellos que me preguntan por qué no voy a divertirme; a quienes menospreciaron mis creencias, que insisten en que la quinta dimensión no existe, que hay un dios que todo lo ve y todo lo sabe; las amistades que desean ser escuchadas pero que nunca desean escuchar, o que obligan a hablar cuando no lo deseo; los que dicen: "estás desperdiciando tu tiempo", "estás desperdiciando tu vida", "el mundo es así", "tienes que cambiar", "cambia de celular", "¿no tienes WhatsApp?"; otros peores que dicen: "se tú mismo" y después no me soportan; están los que quieren verme progresar materialmente, sin entender que eso no tiene importancia para mi; a los que viéndome compungido, me llamaron la atención para que esté radiante, señalando a los desvalidos que tienen la vida difícil, como si la tragedia de otros, debería ser un aliento para estar feliz por comparación. Todos quieren globalizarme, volverme parte de una sociedad, a la que definitivamente no pertenezco.

No entienden la diferencia, nunca la entenderán. Ni un labio moví para explicarles mis pensamientos y sentimientos. A todos ellos que siempre han querido cambiarme, sólo les dejé hablar y les mostré una sonrisa, porque era lo que querían ver en mi, no que sea yo mismo, solamente el reflejo de ellos.

Pero cuando el riachuelo me miró a través de sus aguas, no se inmutó por mis diferencias, me acompañó todo el tiempo que quise y me arrulló con su canto. Toqué su superficie con mi palma y después seguí mi rumbo, anhelando encontrar un ser humano que a mi lado, valore lo que soy y no soy.

Esa noche, todavía tuve pesadillas, pero pensé: "algún día la encontraré".

No hay comentarios:

Publicar un comentario