Como un rayo en la oscuridad
Semanas atrás recordé, quizás por alguna película o memoria de algún suceso equis, cuánto valora una persona que la reciban o la despidan a donde viaja; pues se ve la felicidad de esta y aquellas que la acompañan. Desde mi adolescencia nadie pasó a esperarme; y viaje cientos de veces en estos años. En realidad ya olvidé lo que debería sentir, pero parece que es una sensación agradable. Como mi red neuronal por defecto me indica que nadie irá a recogerme, en mi próximo viaje no esperaré que me reciban, de todas formas llegaré por la madrugada. ¡Qué más da! La noche no está callada, con mi corazón desde adentro agitado, comparable solo a la ansiedad que desea llevarme por entuertos viejos. Más, es mi corazón que me guía a nadie, porque a nadie tengo para escribirle una carta. Estoy sin pasión, pero con una antigua canción. Esto y un deseo inmenso por acompañarte, sin importar el silencio o el escaso tiempo. Mentiría si te digo que recordarte es una mezcla de alegría con mucho de nost...