Yuyachkani
Para mí, dos mil veinticinco se volvió en un año de transición, un puente entre el pasado y el futuro, entre los sueños y las realidades; era el paso hacia una dirección concreta, donde los anhelos tomaron forma como realidades o desilusiones.
Aún transito por el puente, porque un año no es suficiente para cruzarlo, pero ya sé donde termina y a donde voy.
No solo completé las espectativas trazadas, sino que las superé. Viajo constantemente porque así lo deseo, creo que terminé el año recorriendo más allá de los 6,000km. Hasta conseguí ahorrar para vivir los próximos años.
Para este nuevo año, tengo planeado viajar más lejos y perderme en algunos lugares que ya no me resultan restrictivos. Puedo hacerlo. Quiero hacerlo. Debo hacerlo.
Debería terminiar de cruzar el puente este 2026, así que no puedo distraerme del plan.
¡Claro! ¿Esperaban que las cosas sucedieran por obra y gracia del destino o de algún dios? ¿No recuerdan esas sabias palabras populares: "a dios rogando y con el mazo dando"?
Como autodidacta y curioso por el conocimiento universal, llega el momento de aplicar todo lo aprendido para este tramo final, el más difícil. Cabeza fría, sin dejarme llevar por los sentimientos, usar el razocinio.
No me malinterpreten, lo cierto —para mí— es que el conciente debería guíar al inconciente; y, aunque sea imposible no sentir, podemos acotarlo, manejarlo, distribuirlo, diluirlo. Al menos en teoría...
Mientras escribo, las nubes están cubriendo toda la ciudad, la temporada de lluvias ha llegado. En un par de horas quiero descender el valle para recorrerlo, como una ruta de senderismo. En la noche asistiré a una clase sobre el "mapa de sueños", título interesante, pero ya veré de qué trata.
El primer puente en mi vida lo crucé cuando dejé la casa familiar, terminando el colegio. Entonces, eran mis padres quienes me ayudaron a caminar por ese pontón y, en cierta forma, ellos me esperaban al otro lado. Salí siendo otra persona.
En este nuevo puente entré porque quiero, lo cruzo sin que alguien se percate que lo hago, sin que alguien me espere al otro lado. Quedan 50 semanas para que cierre el año, el camino no ha terminado, el puente sigue debajo mío. No hay apuro, solo debo seguir el plan.
Desperté tantas noches pensando en las dificultades y, en las otras, dormía muy pocas horas por el estrés. La mente se agota, el cuerpo también; es que no necesito un descanso, más bien necesito estar enfocado. Así es un puente, no se trata de subirse a un avión, dormirse, despertar en el destino y quejarse del tráfico. No. Por aquí solo cruzamos los mochileros de a pie, los que disfrutan el camino, no el destino.
No sé con certeza qué hay al otro lado, pero de donde vengo ya no quiero estar. Quizás descubra que en ese más allá, nada hay; aunque según mis cálculos, allá estaré mejor, así que allá voy.

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