Eres tú o eres todos
Hoy no le escribo a nadie. Solo a ti.
Sé que estás lejos, quizás a millones de kilómetros de distancia, en un tiempo que solo se puede medir con eones.
Anoche vi un cielo totalmente nublado, mientras yo pisaba el suelo húmedo de la temporada. En noches oscuras como esta, en el silencio de la madrugada, el shapingo susurra palabras cada vez que el viento arrecia. Le escucho hablarme, a veces seducirme con sus lisonjas, o manipularme con su intrincado sofisma. Sus palaras, dulces como un néctar, o amargas como un buen chocolate, no saben que estoy acostumbrado a ingerir sin sabor. No sabe, en fin, que con el tiempo aprendí a vivir con estoicismo.
Mi mente está enfocada; le oigo pero no le atiendo, le veo pero no me importa. Porque tú me importas más.
Nuevamente mi cuerpo descansa por las noches. Regresan a mi mente, escenarios y personajes que se representan alegóricamente, entre pasajes vividos y desconocidos; son aquello que no puedo ver con los ojos de mi cuerpo físico, pero sí con los ojos de mi cuerpo astral.
El cielo llora todas las tardes y se oscurece muy temprano.
Me dijeron hace algunos días, que la convivencia es una oportunidad para crecer. No lo sé, pienso tiene alguna razón. Sin embargo, le encuentro mayor sentido a la oración: la vida diaria es el gimnasio psicológico.
Pueden parecer lo mismo, pero la ubicación del ser es lo que las diferencia. Porque en la primera, se entiende al ser en un contexto social, en el dar para recibir, donde el "ser individual" transmuta sus debilidades a través de un "ser social", perdiendo así su identidad propia; el "ser individual" crece junto al "ser social". En la segunda, el ser se sirve de la sociedad para transmutarse a sí mismo, mediante la autoobservación y la voluntad propia.
También se pueden considerar como dos caminos que llevan al ser hacia el mismo destino. O, simplemente, son dos extremos y el camino se forma como una combinación de ambos, por donde discurre el ser.
Cualquiera que sea la verdad, sé que estoy infinitamente lejos de ti. Y la única sociedad que anhelo, es contigo.
Pero ahora, en este tiempo, entre las paredes de mi recinto; el mediodía está acercándose, el sol se escondió completamente; el silencio citadino se apodera del momento, y solo oigo a los gorriones llamándome desde los árboles.
¡Allá voy! Les dije.


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