Psico Odisea - Muerto en vida

Entanto divago entre lo que es y lo que no es, pasó la medianoche en la ciudad y poco falta para el amanecer, pero con eso que dicen del tiempo que es relativo, ya podría estar amaneciendo más allá, o menos allá.
 
Pensaba el otro día, como reflexión de lo experimentado: que la vida no tiene un sentido trascendental; solo es vivir y ya. ¿O solo es morir y ya?
 
Morí sin nadie a mi lado, morí entre lágrimas y en silencio, después de agonizar tantos días y noches, sin dormir, sin encontrarle satisfacción a la vida. Pero más que otra cosa: sin ella. Después descubrí que toda mi vida había sido una mentira. Luego soledad y ya nada importó.
 
Horribles son la ansiedad y la depresión. No hay un solo día que sienta bueno, todos son malos, yermos, a veces tristes para romperme. Pasé tanto tiempo en ese infierno, consumiéndome hasta que no quede algo de mí. Pero algo quedó.
 
Porque cuando muerto estuve conocí la verdad, conocí el universo que se escondía en mis entrañas, aquellos temores que no deseaba afrontar.
 
Meditando encontré el camino de regreso, cargando lo que llaman cruz; más yo le diría prejuicios, paradigmas, traumas, trastornos y demás palabras que definen a un enfermo mental; es decir, a alguien como tú, o a alguien como yo.

Ya no importa vivir, ya no importa morir. Tampoco estar vivo o muerto. Debería importar lo que hacemos y nada más.
 
¿Hay una existencia individual o todo es colectivo? ¿Tenemos propiedad de nosotros mismos? ¿Somos una chispa perdida que se extinguirá?
 
Todo estado es transitorio, pues todo cambia; lo único permanente es la existencia.
 
Aferrarse es un ilógico. Desprendimiento es lo que debemos aprender. Pero la vida nos enseña a depender, si no es de otra criatura, lo será del entorno. ¿Cómo podríamos dejar de estar en este? Porque aún muertos seguiremos perteneciéndole al entorno.
 
Más allá de la materia, ¿persistirá la conciencia? Quizás cuando dejemos de estar y solo seamos.
 
Si la conciencia individual trasciende lo material como conclusión final, y todas las demás conciencias, ya libres de cuerpos, llegasen al mismo fin, ¿serían todas estas conciencias una sola conciencia? Entonces: ¿somos únicos o somos uno?
 
¿Quién soy? Yo soy. ¿Quién eres tú? Tú eres. ¿Quiénes son ellos? Ellos son. Pero la realidad enseña que nadie es, solo estamos.
 
No bajé como Zaratustra de la montaña. Solo soy un hombre ordinario que estuvo en el infierno y volvió más sabio. Pero muerto estoy. Estándolo hasta que encuentre, comprenda y persiga la razón para estar vivo. Por ahora solo veo oscuridad, insatisfacción, sinsentido.

Alguien dijo que "cuando dejas de encontrarle sentido a la vida, no hay marcha atrás". Es el cáncer de la mente. Y no, no puedo escapar de esta cárcel. No puedo. Tal vez regresé del infierno, pero no de la muerte.

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