abril 21, 2018

Brilla la noche para mí


Otro soleado amanecer... ¡Pero cómo odio el diario sol de esta ciudad! La modorra me acompaña en las primeras horas de la jornada, en realidad no siento mayores deseos de hacer algo más que reposar.

Después del mediodía estoy concentrado en lo que hago. El trabajo me tiene ocupado. Durante cortos momentos el brillo de mis pesamientos se enfoca en la creación del maldito dinero. Ahora soy parte de la sociedad.

Pero en la noche, en la noche... ¡Me siento vital! ¡Rebozante de creatividad! Si vivo por algo, ¡es por la noche!

Sin molestias, con el mundo en silencio, mi voz murmura alguna dulce canción, mi cuerpo puede bailar, mis ojos tienen la libertad para lagrimear, mi boca esboza sonrisas, el lapicero en mis manos tiñe de negro alguna hoja de mi gastado diario.

Después de traducir el lastre de la vida a unas cuantas líneas encantadas, de convertir en poesía toda la basura que nos hace humanos, cubro mi cuerpo con sábanas de somnolencia. Otro mundo me espera. Viajaré a otra dimensión, a un mundo infinitamente mejor o peor. Allí, libre de materia, allí voy yo.

Solo, siempre solo, como esa palabra vulgar perdida en fina prosa, o como gota de agua bendita en aquel estrambótico traje que llamas sociedad. Haré ruido donde nadie oiga, pintaré las paredes donde no las haya, escupiré cuando tenga sed, y llamaré a la puerta de la sabiduría hasta que me deje entrar.


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