Triste pecho

En esta despedida, las dudas se agitan a mi alrededor como bravos danzantes de un huayno festivo.

Si desde este momento la amargura del adiós consume la dulzura de las palabras con las que justificas el inevitable futuro, no sé cómo sobrellevaré los días por venir, alejado de tu sincero aliento y de tu cálida compañía.

Con cada mirada y cada gesto completas un lento pero interminable ciclo de tortura; pues así como el molino tritura los granos de trigo, así  estás pulverizando mis sentimientos hasta convertirlos en nada.

Y sí en respuesta a tu distancia, con el silencio mis labios quedaron sellados; fue en mi pecho, en este triste pecho, desde donde explosionó un aliento que no tiene fin.

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