julio 07, 2017

Otra vez me equivoqué

Te vi, me viste;
en mi pecho latió mi corazón,
y con tu sonrisa vibré de emoción.

Pero cuando me cansé de tantos besos negados a mis labios, y de oír promesas que se volvieron mentiras, me alejé caminando en silencio por un estrecho callejón.

Paseamos de la mano por las calles coloniales de esta ciudad, escribí versos en su nombre, bailamos algunas canciones, dibujé una ruta para llegar hasta ella a través de las estrellas; y, alguna vez, mi cabeza se apoyó entre sus brazos.

¡Tonto! Me ilusioné otra vez, entregué mis sueños sin razón.

Cuando todo se derrumbó, la pena regresó a mi vida, el dolor inundó mi corazón; acaricié el deseo de perderme, hasta conseguir que en cada madrugada, me despierte sin entender la razón.

Y así vivía; o, mejor: así moría.

El anhelo de encontrar a mi alma gemela, se diluía con cada semana ida, con cada hora pasada. Con un intento nuevo, otra decepción acumulaba. Ya no conseguía una mirada devuelta; así mis ojos, se apagaron en una noche llena de indiferencia.

Me quedé mirando a la negra profundidad, al abismo de los afligidos que no encontraron respuesta a su amor, al silencio obtenido después de un grito lastimero, cuando ni mi propio eco me buscaba.

Así se alargó el tiempo, hasta que en medio del desierto, el capullo de una rosa floreció...

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