marzo 25, 2017

Zingara

Amanece en la ciudad, el sol se asoma por el sur este, mientras mi amor se oculta en el noroeste, muy lejos, como todo sueño, del que algún día debía despertar.

¡Oh, destino! Me la entregaste cuando no estaba preparado, cuando ya no tenía ninguna esperanza de encontrarla. Ahora debo dejarla partir, porque ya sé que no me pertenece...

Pensaba que yo era un brujo en el amor, que podía leer los sueños y penetrar en lo profundo de los demás, si así lo quería; pero descubrí que en la vida, el amor no lo es todo, sólo una columna que aún caída, la estructura persistirá.

¡No puede ser lo que estoy viendo en el espejo! Hay un ser incompleto, afeado, ojeroso, agotado, sin brillo y descuidado. Destino, tú lo viste antes que yo, ahora, con sarcasmo me lo recuerdas. Serán días largos, como la vida misma, y todavía más: un mahanvantara, un día cósmico, o verdaderamente una pralaya, una noche universal.

Desearía tanto ser más terrenal, valorar más, aquello que es material, ser pujante y social. A veces odio tanto ser yo mismo, soy tan sensible, tan voluble y sentimental, que me desespero, me deprimo y después de llorar, finalmente comprendo que nunca seré parte de este mundo, que por naturaleza soy niño, que no llegaré a madurar. Sólo me resta aceptar lo que soy y continuar en mi soledad. Quizás en mi próxima vida, quizás...

Si escribo estas líneas en mi blog, es porque aquí puedo desahogarme, nadie me puede dañar; aquí es donde confío mis penas y alegrías, pero más penas, como es ahora, como era antes y como será después.

Y cuando oigo la canción, cada golpe del violín logra que aflore mi tristeza, porque no era culpable el destino, sino yo, el único protagonista, dramático y comediante, en esta obra teatral. Y al caer el telón, sólo me queda decir: comedia finita est.


1 comentario:

  1. Daniel, cada vez que escribes , eres más intenso. ¡ muy bueno!¡me encantó!!!!

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