febrero 22, 2017

Perdiendo mi tiempo

Y así llegué al final de una historia que nunca comenzó. Ya debería estar acostumbrado, pero no, nuevamente, la daga del destino se ha clavado frente a mis ojos, aún viéndola llegar. Desde ahora, si alguien se interesa en mí, que me busque, yo no volveré a buscar.

Me harté de ser el bueno, el amigo, el que ayuda o el que escucha. Es como acompañar a la mujer que quieres, al altar, para que otro la despose. Ahora sí me cansé de desilusionarme, fue lo último, no deseo repetirlo. ¡Jaque mate! He perdido, para variar...

Me marcho, no lo intentaré más. Dejo el ruedo, este toro está cansado, se siento viejo, es hora de ir a retozar al establo, hasta que me lleven al camal. Pensé que nunca me rendiría, pero es el final.

No sé, desde hace algún tiempo estoy deseando no haber salido del hospital, estuve meses en varias camas de ese horrible lugar; ahora quisiera nunca haber despertado del inconsciente. También viene doliéndome la cabeza todos los días, no me deja en paz. Como si fuese poco, el estrés de la soledad me está acabando.

Debo ir a dormir, pero sé que me esperan esos demonios para doblegar mi astral. No me dejan descansar ni aunque esté durmiendo, de día y de noche me asaltan. ¡Quién comprendería lo que escribo! Ya nadie tiene esta facultad.


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