noviembre 26, 2016

Otra noche más

Ya pasan las doce de la noche, para mi el descanso recién empieza. Mis ojos un poco irritados, quieren cerrarse hasta mañana, y mis pies adormecidos, me obligan a sentarme en una de la bancas de la plaza.

El ambiente frío me reconforta, algunas parejas y pequeños grupos de amigos circulan por estas veredas. El murmullo de otros, que están cruzando la pileta, llegan hasta mis oídos.

Los taxis pasan por un lado de la plaza, como una fila interminable de vehículos silenciosos. No están los tres perros de la otra noche, a las palomas no las veo durmiendo ni caminan por algún lado, sólo el cuerpo de una, que yace sin vida, está bajo mi asiento.

Es agradable disfrutar en soledad, pero a veces, una compañera a mi lado quisiera, abrazarla y besarla, como hacen las parejas, que en este solaz, encuentran propicio, el momento para amar.

Las luces de la catedral se han apagado, pero nosotros, los últimos visitantes del centro histórico, nos quedamos y disfrutamos de este ambiente, cuando todos se han marchado.

Pero el frío llega hasta mi cabeza, ya es hora de andar, aunque mi corazón, en medio de este lugar se queda, es mi cuerpo el que se debe marchar.

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